En automoción, el turbocompresor consiste en una turbina movida por los gases de escape de un motor de explosión, en cuyo eje se fija solidariamente un compresor centrífugo que toma el aire a presión atmosférica después de pasar por el filtro de aire y luego lo comprime para introducirlo en los cilindros a mayor presion que la atmosférica. Este aumento de la presión consigue introducir en el cilindro una mayor cantidad de oxigeno que el volumen normal que el cilindro aspiraria a presión atmosférica, obteniendo el motor más potencia que un motor atmosférico de cilindrada equivalente, para las mismas cantidades de combustible.
Los turbocompresores más pequeños y de presión de soplado más baja ejercen una presión máxima de 0,25 bar (3,625 psi), mientras que los más grandes alcanzan los 1,5 bar (21,75 psi). En motores de competición se llega a presiones de 3 y 8 bar. dependiendo de si el motor es gasolina o Diesel
Como la energía utilizada para comprimir el aire de admisión proviene de los gases de escape, este sistema no resta potencia al motor cuando el turbocompresor esta trabajando, si provoca perdidas fuera del rango de trabajo del turbo, a diferencia de otros, como los sistemas con compresor mecánico (sistemas en los que el compresor es accionado por una polea conectada al cigüeñal).
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